Afirman que sincerar metas de inflación “es resignarse a tener más pobreza”

Córdoba/País (1/1/18). La revisión al alza de las metas de inflación es un acto de sinceramiento pero también de resignación. El ritmo de gradualismo elegido para ordenar las cuentas públicas obliga a tolerar mayor inflación.

Así se pronunció IDESA al hacer un análisis de la reciente medida adoptada por el Gobierno nacional de recalcular las metas de inflación a 15% para el 2018 y trasladar el objetivo del 5% para el 2020.

Para dicho centro de estudios económicos, el cambio implica aspirar a reducir la inflación con un ritmo mucho más lento. De esta manera, la Argentina “seguirá soportando aumentos de precios muy por encima del observado en los países desarrollados e incluso en los países vecinos”.

Una intensa polémica rodeó al cambio de las metas. En general, prevalecieron las opiniones de que es positivo el sinceramiento y que el cambio implica una derrota para la conducción del Banco Central, aunque esto último implica pasar por alto que quién fija las metas no es la autoridad monetaria sino el gobierno y que conceder a tener más inflación implica también ser menos ambiciosos en mejorar la situación social.

En base a datos oficiales del Ministerio de Hacienda,  IDESA advirtió acerca de la motivación del cambio de meta. Entre los años 2007 y 2013 el déficit fiscal fue del 2,2% del PBI en promedio y la tasa de inflación del 23% anual.

Entre los años 2014 y el 2016 el déficit fiscal subió al 5,5% del PBI en promedio y la tasa de inflación se incrementó al 36% anual. Para el año 2017 se proyecta que el déficit fiscal no habrá bajado del 6% del PBI pero la inflación se habrá reducido sensiblemente al 22%.

Estos datos muestran que hay una correlación entre déficit fiscal y aumento en los precios. Si bien la inflación depende de una multiplicidad de otros factores y la información del 2017 son estimaciones provisorias, la tendencia muestra que el aumento del déficit fiscal estuvo estrechamente asociado con el crecimiento de la tasa de inflación y que en el último año los esfuerzos por bajar la inflación fueron muy superiores a los de bajar el déficit fiscal, argumentó el centro de estudios. 

Por lo que se aclaró: “Esto significa que el fracaso no fue del Banco Central sino del resto del sector público que no fue capaz o no tuvo voluntad de ordenar las cuentas públicas a un nivel consistente con las metas de inflación que el propio gobierno se auto fijó”.

IDESA explicó además que se puede aplacar las presiones inflacionarias subiendo la tasa de interés, pero es “una estrategia de horizonte muy limitado” porque desalienta la inversión, atrasa el tipo de cambio y agrava la situación fiscal al aumentar los gastos en intereses.

“Por eso, la decisión del gobierno de flexibilizar las metas es un acto de sinceramiento”, añadió.  En otras palabras, se puede decir que el anuncio señala que al actual ritmo de gradualismo no es posible reducir la inflación en el tiempo originalmente previsto.

“Revisar las metas es un acto de sinceramiento pero también de resignación a seguir tolerando alta incidencia de la inflación y, con ello, de la pobreza”, concluyó IDESA.