
País (30/1/19). Este órgano fue desarrollado con el propósito de los latidos del corazón humano – responsable de bombear la sangre al cuerpo a través de las arterias- y diseñado por la Universidad Nacional de la General Sarmiento (UNGS) junto con el Servicio de Medicina Nuclear del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, que depende de la UBA y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
Lo bautizaron “Songo”, que significa “corazón” en quechua, y la función de este invento es recrear el funcionamiento del ventrículo izquierdo –de un corazón sano o con deterioro-, que es el que interviene más intensamente en el bombeo de sangre al sistema arterial.
Este corazón artificial fue creado para ser utilizado en prácticas de medicina nuclear, más específicamente en tomografías que pueden detectar determinadas patologías cardíacas, como isquemia, necrosis o engrosamiento muscular.
Siguiendo los mismos pasos que debería seguir un paciente ante una tomografía, al simulador se le inyecta un radioactivo y se lo introduce en un tomógrafo SPECT, luego se analizan las imágenes obtenidas.
“En particular, este simulador o fantoma emula un estudio de perfusión de miocardio, que es un estudio con el que se analiza cómo está irrigado el miocardio, cómo se mueve este músculo y cuánta sangre eyecta el corazón a la aorta. Es bastante completo porque analiza el estado de la irrigación, la funcionalidad del órgano y la capacidad de bombeo”, detalló el físico Eduardo Rodríguez, director del proyecto e investigador docente del Área de Ciencias y Tecnologías Básicas del Instituto de Industria (IdeI) de la UNGS.
“En general, los fantomas en medicina nuclear se utilizan para calibrar los equipos y para medir la respuesta o desempeño de los mismos”, comentó Pablo Sanabria, técnico en diagnóstico por imágenes del Servicio de Medicina Nuclear de la CNEA y agregó: “En particular, este dispositivo permite también evaluar la precisión con la cual los software de los equipos miden o calculan los parámetros fisiológicos (como volumen ventricular)”.
El técnico afirmó además que con el fantoma pretenden reproducir y modelar trastornos en el movimiento del ventrículo izquierdo.
La idea de crear este simulador cardíaco con movimiento surgió de una charla informal, expresó Rodríguez, que recuerda que a fines de 2015 realizó, junto a su equipo del IdeI, un simulador de lesiones de mama para un tomógrafo por emisión de positrones (MAMMI-PET) de la CNEA, que fue instalado en el Instituto Roffo.
“Lo que saltaba a la vista era la carencia de estos dispositivos para investigación y la falta de proveedores locales. Así que nos propusimos el desafío de poder producirlos en las condiciones necesarias para la investigación, de bajar los costos y ponerlos accesibles localmente”, dijo el investigador de la UNGS.
Con esos objetivos, Rodríguez junto a los estudiantes avanzados Pablo Calla y Nicolás Vargas, en el marco del trabajo final de la carrera de Ingeniería Electromecánica que dicta la UNGS, emprendieron el recorrido.
Para la fabricación de “Sonqo” se utilizaron varias técnicas artesanales y digitales, entre ellas impresión 3D, y los materiales elegidos fueron látex, silicona y PLA, ya que ninguno de ellos atenúa significativamente la radiación que tienen que captar los detectores del tomógrafo.
Luego de seis meses de trabajo, el resultado fue un dispositivo rojo, elástico, parecido a un corazón y del tamaño de un puño cerrado que, a través del tomógrafo, aporta imágenes similares a la del órgano humano y que también representa con realismo su movimiento.
Actualmente el equipo trabaja en una segunda etapa del proyecto, que consiste en mejorar el aspecto del fantoma y en la simulación de patologías de isquemia y necrosis.