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Ante el duro golpe en las urnas que le propinó la alianza K en Buenos Aires, Milei habló de «errores» aunque reafirmó el rumbo económico

Buenos Aires. El mandatario libertario se mostró firme en el rumbo económico de su administración y planteó que «no es opción repetir los errores».

Desde un oscuro escenario y sin militancia libertaria, el presidente Javier Milei, acompañado por el Gabinete nacional, admitió la derrota cuando los relojes daban las 22.15, reafirmó el rumbo y propuso someter la estrategia a una “profunda autocrítica” camino a las elecciones legislativas nacionales del 26 de octubre. 

“Esto va a dar lugar a un profundo análisis de los datos, y naturalmente eso va a conllevar a una profunda autocrítica, donde aquellas cosas en las que nos hemos equivocado las vamos a corregir. No hay opción de repetir los errores. De cara al futuro vamos a corregir todos nuestros errores”, dijo el mandatario en su discurso que duró poco más de seis minutos.

“Más allá de este resultado electoral tambieñn quiero señalar a todos los argentinos que el rumbo por el cual fuimos elegidos en el año 2023 no se va a modificar, sino que se va a redoblar», enfatizó.

Pese a la dura derrota, Milei decidió cerrar la noche con un duro mensaje a los propios y lo hizo escoltado en primera línea por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y por el asesor presidencial, Santiago Caputo, que hizo su debut en los escenario con gesto adusto. 

Una fila por detrás los ministros Patricia Bullrich (Seguridad), Luis Petri (Defensa), Mariano Cúneo Libarona (Justicia), Mario Lugones (Salud), Federico Sturzenegger (Desregulación y Transformación del Estado), el vocero presidencial, Manuel Adorni, y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, siguieron de cerca las directivas del libertario. 

Mientras que estuvieron ausentes el jefe de Gabinete, Guillermo Francos y los ministros Luis “Toto” Caputo (Economía), Sandra Pettovello (Capital Humano) y Gerardo Werthein (Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto).

Si bien la derrota no era novedad en el campamento libertario, pese a que el mandatario vaticinó un “empate técnico”, los 13 puntos de diferencia cayeron como un baldazo de agua fría en las filas violetas. Los argumentos que se esgrimieron para justificar la aplastante derrota fueron varios, aunque se hizo foco en el peso del aparato estatal difícil de contrarrestar y el arrastre de los intendentes.

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